LEVANTÁNDONOS DE LOS ESCOMBROS

Sep 21, 2021

En la remota comunidad de Olmedo, en la cordillera del sur de Ecuador, el invierno es feroz. Este año, la temporada de tormentas fue aún más devastadora, provocando deslizamientos de tierra e inundaciones en toda la zona.

Una tarde, James, de seis años, y su familia se estaban preparando para cenar cuando escucharon el sonido de la lluvia golpeando el techo debilitado de su casa. Poco a poco, el ruido se hizo mucho más intenso. De repente, Manuel, el padre del pequeño, notó que el agua entraba a la casa por debajo de las puertas.

Una avalancha de barro y agua descendió por la pendiente llevándose todo a su paso. James y su familia no tuvieron tiempo de sacar sus pocas pertenencias, pues asustados salieron corriendo a buscar refugio en la casa de sus abuelos.

Al día siguiente el panorama era desolador. No quedaba nada de su hogar; sus animales también habían sido arrastrados, solo quedaron unas pocas gallinas y dos cabras.

Paola, su madre, no paraba de llorar, pues ella no puede trabajar, ya que se dedica a cuidar al más pequeño de sus hijos, Mateo, que tiene parálisis cerebral y necesita atención constante. Por otro lado, Manuel, labora en el campo todo el día, ganando lo suficiente para sobrevivir un día a la vez.

Por esta razón, la iglesia tomó acciones para ayudar a esta familia. Unos días después del trágico evento, el pastor Byron y su equipo visitaron a la familia y se dieron cuenta de la gran necesidad en la que se encontraban. “La situación era crítica. No tenían nada y no podíamos permitir que los niños sigan durmiendo en el piso”, dice el pastor Byron.

Inmediatamente Compassion Ecuador gestionó los fondos necesarios para reconstruir su hogar, proporcionar colchones, colchas, ropa, zapatos, ollas, platos, cajones, mesas y alimentos. La iglesia se unió para repartir suministros y brindar protección emocional y espiritual para todos los miembros de la familia.

«Estoy feliz porque mis hermanos y yo finalmente tenemos un colchón para dormir», dice James.

Actualmente, los pequeños reciben comida todos los meses y la iglesia les brinda apoyo emocional y espiritual.

Estos niños valientes están llenos de energía y sueños. A pesar de vivir en una situación de pobreza, se esfuerzan todos los días, estudiando, cuidando a sus animales y ayudando en casa; demostrando que, aunque a veces las situaciones son complicadas, la luz de Cristo siempre está con nosotros y nunca nos deja solos.

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