DE LA PRISIÓN A JESÚS

Jun 22, 2026

Cómo una iglesia local, el apadrinamiento y el amor de Dios transformaron el futuro de un niño en Kenia

Jey tenía apenas nueve años cuando terminó en la cárcel por un robo en las calles de Kenia. A una edad en la que debería haber estado jugando, estudiando y soñando con el futuro, estaba luchando por sobrevivir.

Creció en Mathare, uno de los asentamientos urbanos más vulnerables del país. Entre calles marcadas por la pobreza, viviendas precarias y escasas oportunidades, la delincuencia y las drogas forman parte de la realidad cotidiana de muchos niños y jóvenes.

Sin recursos para asistir a la escuela, niños como Jey se convierten fácilmente en presa de malas influencias. Convencido de que robar era la única forma de ayudar a su familia y construir un futuro mejor, tomó decisiones que terminarían cambiando el rumbo de su vida.

“Me junté con las personas equivocadas y, a los nueve años, me detuvieron”, recuerda.

Una oración en medio de la soledad

La cárcel fue un lugar de profunda soledad para Jey.

Su familia no podía visitarlo. Las personas que consideraba sus amigos desaparecieron. Sin nadie a su alrededor y sin saber qué hacer, hizo lo único que sentía que aún podía hacer: orar.

 “Me arrodillé y le pedí dos cosas a Dios: salir de la cárcel y salir de la pobreza”.

Poco tiempo después fue liberado. Sin embargo, al regresar a casa, la realidad seguía siendo difícil. La pobreza continuaba presente y las necesidades de su familia no habían desaparecido.

Aun así, aquella oración marcaría el comienzo de una historia completamente diferente.

La fe de una abuela que no se rindió

Mientras muchos habrían perdido la esperanza, su abuela decidió luchar por él.

Aunque no tenía dinero ni recursos, estaba convencida de que su nieto merecía una oportunidad. Lo acompañó a la escuela y pidió que lo admitieran como estudiante.

La respuesta fue positiva.

Asistir a clases ayudó a mantener a Jey alejado de los problemas, pero las dificultades continuaban. Con frecuencia llegaba a estudiar sin haber comido.

“El profesor hablaba, pero yo no tenía fuerzas para escuchar”.

El hambre, la incertidumbre y la falta de recursos seguían afectando su día a día.

Cuando llegó Compassion

Tiempo después, la iglesia local comenzó a trabajar junto a Compassion International para identificar a niños en situación de vulnerabilidad dentro de la comunidad.

Jey fue uno de ellos.

“Recuerdo el día en que me inscribieron. Todos estaban felices. Compassion me dio la vida que nunca había tenido”.

A través del programa recibió apoyo para continuar sus estudios, acceso a materiales escolares, uniforme, atención médica y acompañamiento para su familia.

Pero hay algo que aún recuerda con especial emoción.

“¡En el centro podía comer todo lo que quisiera!”

Por primera vez, alguien conocía su nombre. Alguien oraba por él. Alguien se preocupaba por su bienestar.

A miles de kilómetros de distancia, una familia decidió acompañarlo a través del apadrinamiento infantil, demostrando que el amor puede cruzar fronteras.

El amor que transformó su identidad

Más allá de la educación, la alimentación o la atención médica, hubo algo que marcó profundamente la vida de Jey.

El amor.

“La primera vez que escuché las palabras ‘Te quiero’ fue de boca de mis padrinos. Esas palabras me cambiaron”.

Aquellas palabras comenzaron a transformar la forma en que se veía a sí mismo y el futuro que imaginaba para su vida.

El niño que alguna vez creyó que terminaría convirtiéndose en ladrón descubrió que Dios tenía planes diferentes para él.

De la cárcel a una vida con propósito

Hoy, Jey es un hombre cuya vida ha sido transformada.

Atrás quedaron la prisión, la desesperanza y la pobreza que marcaron sus primeros años. En su lugar hay una historia de restauración, fe y propósito.

“Mis padrinos me han dado amor, educación y la Palabra de Dios”.

Cuando recuerda aquella oración hecha en soledad dentro de una celda, sabe que Dios escuchó cada palabra.

Salió de la cárcel.

Salió de la pobreza.

Pero, sobre todo, encontró a Jesús.

“Compassion me ha dado a conocer a Cristo. Todo lo demás puede desaparecer, pero Su amor permanecerá conmigo para siempre”.

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