SUEÑO INDESTRUCTIBLE
Cristofer, beneficiario de Compassion Ecuador, durante los meses de pandemia, se levantaba muy temprano en la mañana para conectarse a sus clases virtuales y por la tarde se dirigía al taller mecánico donde trabaja Carlos, su padre, para ayudarlo y aprender sobre las actividades mecánicas, pues cuando crezca, quiere ser ingeniero mecánico y fabricar maquinaria para dar trabajo a mucha gente.
Como era costumbre, una mañana el pequeño llegó al taller y comenzó a ayudar a limpiar el lugar, pero al ver a los trabajadores mover las pesadas máquinas de un lugar a otro, decidió aproximarse para ver de cerca lo grandes que son. De repente, una de las locomotoras se soltó y cayó sobre él sin darle oportunidad de reaccionar.
“Todo fue muy rápido. Solo escuché un sonido tremendo. Vi a Cristofer entre la maquinaria y la pared aplastada”, indica Carlos. Inmediatamente todos corrieron a levantar la maquinaria pesada para liberar al niño que estaba gravemente herido y casi inconsciente. Débil y perdiendo bastante sangre, fue trasladado de urgencia al hospital público, donde no quisieron recibirlo debido a los numerosos casos de COVID-19 en el hospital.
Al enterarse del accidente, Guillermo, el tutor de Cristofer en el Centro de Desarrollo Infantil, con el apoyo de Compassion International, llevó al niño a un hospital privado donde recibió atención médica inmediata. “Fue una situación de vida o muerte. Tuvimos que actuar rápido sin perder tiempo”, menciona Guillermo.
La situación de Cristofer era delicada, pues tenía varias contusiones en la cabeza con una leve fisura en el cráneo. Su familia estaba aterrorizada por su condición y preocupada sin saber cómo costearían los gastos, ya que muchos tratamientos debían pagarse antes de recibirlos. Sin embargo, el especialista en salud de la iglesia acudió al hospital para cubrir los gastos que generó el accidente.
A pesar del severo incidente, los médicos se asombraron de lo rápido que Cristofer se recuperó. Después de unos días de observación, varios escáneres y exámenes, el pequeño finalmente fue dado de alta del hospital. “Estoy feliz de estar vivo. Sin la bendición de Dios y la ayuda de la iglesia, es posible que no hubiera podido sobrevivir en otro hospital”, dice Cristofer, con una sonrisa en su rostro.
Han pasado tres meses desde el suceso. Cristofer volvió a su vida cotidiana y está completamente recuperado. Reanudó sus estudios y sigue soñando con ser un gran profesional en el futuro. También comparte su historia con otros niños animándolos a confiar y creer en Dios. “Si estoy vivo es por Jesús. ÉL tiene un plan para mi vida”, comenta.
“Para los tutores de la iglesia cooperante de Compassion, es una alegría inmensa ver que está recuperado. Es un niño extraordinario, muy colaborador y apasionado por la Palabra de Dios”, dice Guillermo.
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