DE REGRESO A CLASES
Ha pasado más de un año y medio desde que comenzó la pandemia que conmocionó al mundo. Más allá de la crisis sanitaria y económica que tuvieron que afrontar los países, el grupo más afectado fue el de los niños que suspendieron su asistencia a la escuela.
Se implementaron clases y actividades virtuales para que los pequeños pudieran seguir su proceso educativo; sin embargo, no todos tuvieron acceso a dicha tecnología. A Elina, de nueve años, beneficiaria de Compassion Ecuador, le resultó muy difícil estudiar desde casa, ya que no tenía computadora ni internet.
Elina vive con su madre en una pequeña casa alquilada en la comunidad de Palestina, una zona muy árida, calurosa y seca a lo largo de la costa de Ecuador. En la misma habitación se encuentran la cocina, la cama y un pequeño armario con su ropa. No tienen acceso a agua potable y el suministro de electricidad es intermitente. La casita está en mal estado; sin embargo, madre e hija, no dejan de sonreír ni perder la esperanza de que lleguen días mejores.
La pequeña solía ser la mejor alumna de su clase y siempre obtenía una puntuación alta en sus tareas y exámenes. Le encantaba ir a la escuela a estudiar y jugar con sus amigos, pero cuando comenzó la pandemia, todo cambió. “De un día la otro no pude salir de casa. Ya no tenía a nadie que me enseñe matemáticas y sentía que no podía aprender más”, se lamenta.
Finalmente, en octubre de 2021, varios colegios reabrieron sus instalaciones con todas las medidas de bioseguridad, para que los niños pudieran volver a estudiar con normalidad. El centro de Elina le proporcionó desinfectante de manos, mascarillas y útiles escolares para el tan esperado regreso a clases.
El día que regresó a la escuela fue uno de los días más felices de su vida. Se levantó muy temprano para alistarse y ponerse su uniforme, el mismo que no usaba hace mucho tiempo. «El uniforme escolar era demasiado pequeño para mí, pero no me importaba, estaba feliz”, dice con una gran sonrisa.
Elina finalmente pudo volver a asistir a su clase de matemáticas, pero sin duda una de las cosas que más le emocionó, fue volver a correr, a saltar y a divertirse de nuevo junto a sus compañeros.
Elina todos los días ora y le pide a Dios que el virus deje el mundo. “Cuando sea mayor, quiero ser maestra para que todos los niños del mundo puedan estudiar y aprender” comenta emocionada.
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