GRACIAS POR ELEGIRME
Como todos los días, al amanecer, Lizeth de 7 años, sale sigilosamente de su habitación tratando de no despertar a su hermana que duerme en la misma cama. Se pone su capa marrón, sale de su casa, recoge sus herramientas de trabajo y camina sola hacia la montaña, donde corta el pasto para alimentar a sus ovejas.
A pesar del frío, la pequeña sabe la importancia de alimentar a sus animales, por eso los cuida para que estén sanos. Con un cuchillo corta la hierba verde mojada y la coloca en pequeños montones para que las ovejas coman, pues debe asegurarse de que tengan suficiente alimento fresco. María, su mamá, llega más tarde con una taza de avena y pan, y se sientan juntas en el pasto para desayunar.
La pequeña muy a menudo piensa en su padre que emigró a otro país en busca de trabajo y nunca regresó. “Extraño a mi papá. Nos cuidaba mucho pero no sé dónde está ni cuándo volverá”, comenta con nostalgia.
La iglesia ha estado muy presente en su vida desde enero del 2020 cuando fue registrada en el programa de Compassion. Ahí le animan a orar con frecuencia y a pedirle a Dios que cumpla los anhelos de su corazón, manteniendo la fe en Jesucristo.
Un día sin esperarlo, mientras Lizeth estaba cuidando a sus ovejas, el pastor Segundo llegó con muy buenas noticias. “Por fin tienes patrocinador. ¡Jesús escuchó tus oraciones!” dice el pastor. Lizeth abraza a su madre con una gran sonrisa.
Inmediatamente la pequeña escribe una carta: “Estimados patrocinadores, gracias por elegirme y por pensar en mí. Por favor, oren mucho por mi papá y por mí, y si pueden venir a mi comunidad, mi mamá les preparará la comida.”
María sonríe a su hija y con lágrimas en los ojos comenta que “Dios es bueno y me alegra saber que hay personas en algún lugar lejano que se preocupan por nosotros.”
Después de leer ocho veces la primera carta que le enviaron sus padrinos, Lizeth va a su habitación a buscar un lugar seguro para guardar su carta. “Tiene que ser un lugar único donde no se dañe ni se ensucie”, dice mientras busca en toda su habitación. Finalmente encuentra un cajón polvoriento, lo limpia con un trapo y lo convierte en su cajón especial, donde guarda la carpeta con su primera carta.
“Un padrino juega un papel crucial en la vida de un niño. Sentirse amados, importantes y aceptados les devuelve el corazón y les da confianza”, comenta el pastor Segundo.
Al igual que Lizeth, cientos de niños transforman sus vidas al ingresar al programa de apadrinamiento. Sin embargo, el impacto es aún más notable cuando descubren que alguien, en algún lugar de este mundo grande y hermoso, los eligió para convertirse en una parte fundamental de su historia.
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