DE LAS CENIZAS SURGE UNA NUEVA ESPERANZA
“Eran las 10 de la mañana y estaba con mi nieto en una presentación escolar. Mientras mi pequeño Sebastián cantaba en el salón, yo aplaudía y sonreía. De repente, un vecino gritó: ¡Tu casa se está incendiando! Me levanté y tomé a mi nieto de la mano y corrí desesperada pidiéndole a Dios que todo fuera mentira. Cuando llegué, mi corazón se detuvo, pues enormes llamas rodeaban mi casa.” Comenta Aida, la abuela de Sebastián.
Aida respira hondo, el dolor de revivir ese terrible día es inevitable, y con lágrimas en sus ojos caminó junto a su familia entre las cenizas en busca de algo que pudieran rescatar, pero nada sirvió, todo estaba carbonizado en el suelo humeante.
Aida y su esposo Gabriel no tienen trabajos permanentes, son jornaleros. Tienen cuatro hijos viviendo actualmente con ellos y dos nietos, Sebastián de cinco y Gaby de nueve años, ambos beneficiarios de Compassion Ecuador, a quienes crían como si fueran sus propios hijos.
De las cenizas, Gabriel recogió plásticos, palos de madera y cartones para improvisar una pequeña choza sobre los escombros quemados, en donde pasaron cinco noches con poca comida y durmiendo en el suelo. Una mañana en la escuela dominical, el pequeño habló con el pastor de la iglesia sobre lo que había sucedido con su casa. Sin dejar pasar más tiempo, el pastor y su esposa acudieron al lugar para constatar las precarias condiciones de vida de esta familia. Angustiados por la terrible situación, solicitaron utilizar los fondos reservados para niños en alto riesgo y así poder ayudar a la familia a encontrar seguridad y un lugar donde dormir.
Con la ayuda de la iglesia y Compassion Ecuador, cinco días después del incendio, los miembros de la iglesia quitaron todos los escombros carbonizados del piso y limpiaron todo el lote antes de comenzar la construcción. Todo comenzó con la creación de las columnas con varillas y cemento. Luego, levantaron las paredes de bloques y cemento de la casa nueva. Finalmente se colocaron las vigas laterales de madera y una cubierta con láminas de zinc. Toda la familia y los miembros de la iglesia ayudaron a construirlo.
La iglesia también ayudó a garantizar que se incluyera agua potable y electricidad en la nueva casa. A demás con los mismos fondos se compraron camas y colchones para que los niños no tengan que volver a dormir en el suelo duro e incómodo.
Sin duda, la persona más contenta fue Sebastián al ver su casa reconstruida. “¡Estoy feliz porque mis abuelos y yo ahora tenemos una casa!” explica el pequeño con alegría.
Con Dios, un nuevo hogar y viejos amigos a su lado, la familia sabe que les espera un futuro mejor, lleno de bendiciones y alegrías.
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