DE PALETS A CAMAS

Ago 27, 2024

¿Tus hijos han dormido alguna vez en el suelo? ¿Alguna vez te has preguntado cómo se sentiría pasar una noche entera en el suelo frío y duro? Miles de niños en todo el mundo aún no tienen una cama donde descansar, lo que afecta su desarrollo físico e intelectual. Pero hay esperanza…

En el corazón de los Andes ecuatorianos, donde los montes tocan el cielo y los valles respiran historias de resiliencia, un proyecto silencioso está en marcha.

Los niños de la comunidad «Cañar» solían dormir en el suelo de sus casas, solo con una estera de paja y mantas. Sin embargo, la iglesia se dio cuenta de que los niños no tenían camas decentes, y no era correcto que los pequeños pasaran las noches durmiendo en el suelo porque estaba afectando su salud física. Tenían dolor de espalda y enfermedades respiratorias debido al frío del suelo.

«Muchos niños llegaban a la iglesia cansados, con dolor de cuello o espalda», dice Mercedes, directora del Proyecto de Compassion en la iglesia. «Cuando visitábamos sus casas, realmente nos entristecía ver a los niños durmiendo en el suelo, o a menudo cuatro o cinco niños compartiendo una cama pequeña. Sabíamos que teníamos que hacer algo por ellos».

Para muchas familias enclavadas en las montañas, la idea de dormir en una cama adecuada no era más que un sueño lejano. Los niños se acurrucaban en palets improvisados o mantas raídas, pues en esta comunidad indígena la pobreza golpea fuerte.

La mayoría de las familias, como la de Ángel, de 14 años, se dedican a la agricultura y a la cría de animales. Sin embargo, sus ingresos son insuficientes para comprar muchos artículos necesarios, como muebles, ya que el poco dinero que generan lo utilizan para comprar alimentos y enviar a los niños a la escuela.

«Compartía cama con mis hermanos. No dormía bien, y a veces tenía que bajar al suelo a dormir. Pero el suelo se estaba congelando», dice Ángel.

Dormir es una actividad vital. Según la Organización Mundial de la Salud, los niños que pueden dormir y descansar adecuadamente mejoran su rendimiento académico. Cuanto mejor duerman, mejor será su capacidad para concentrarse en clase. También les ayuda a recuperar la energía para afrontar el día siguiente.

Con la benevolente intervención de la iglesia local, este sueño lejano se está convirtiendo en realidad. A través del ingenio y ganas de ayudar, la iglesia utilizó sus propios recursos, recogiendo todos los palets de madera de la comunidad y cualquier otro tipo de madera que pudiera utilizarse, para hacer camas adecuadas para los niños. Se pusieron manos a la obra para hacer ellos mismos las camas, con la ayuda de voluntarios, y martillando los tablones de madera con clavos resistentes, lograron hacer más de 50 camas y transportarlas a las montañas más altas donde viven los niños beneficiarios de Compassion.

Con el apoyo de Compassion International y los esfuerzos de las iglesias asociadas, se pudieron comprar 50 colchones de buena calidad para que los niños pudieran descansar bien en sus hogares.

«La iglesia me dio una cama nueva. Me siento feliz porque tengo un mejor lugar para dormir con mi mamá. También ayudaron a construir las paredes de mi casa y ya no siento frío por las noches», dice Sandra, de 6 años.

El impacto de estas humildes camas se extiende mucho más allá de su presencia física. Para los niños acostumbrados a pasar las noches en suelos duros o esquinas de camas abarrotadas, la sensación de hundirse en un colchón blando es similar a estar envuelto en un cálido abrazo. Es una sensación que trasciende la mera comodidad; es un recordatorio de que son amados y merecedores de ternura.

«Es un regalo de Dios tener una cama y un colchón. Me siento bendecido y afortunado de tener una cama y un escritorio de madera para estudiar y leer. Ya no tengo que hacer los deberes en el suelo», dice Fanny, de 11 años, contenta.

Más allá de la alegría que trae a los hogares, esta iniciativa también está empoderando a comunidades enteras, pues al utilizar materiales reciclados y artesanía local, la iglesia no solo proporciona servicios esenciales, sino que también fomenta un sentido de autosuficiencia y sostenibilidad. Las familias están aprendiendo a reutilizar recursos, perfeccionando habilidades valiosas y enorgulleciéndose de su capacidad para contribuir a su propio bienestar.

«Los niños están más sanos y tienen mucha más energía. Nos dimos cuenta de la importancia de poder descansar bien y de todos los beneficios que los niños tienen del descanso. Nuestro objetivo es proporcionar más camas y colchones a muchos más niños», dice Mercedes.

«Todas las noches, antes de irme a dormir, me arrodillo frente a mi nueva cama y le doy gracias a Dios por ser tan bueno conmigo», nos cuenta Ángel.

Gracias al Programa de Apadrinamiento de Compassion, estos niños tienen protección, viven con dignidad y son atendidos por la iglesia local.

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